Christmas Stories from Letras Libres – Featuring Najat El Hachmi, Patricio Pron and others

Letras Libres has a collection of stories about Christmas. A few of the authors I am familiar with such as Patricio Pron and Najat El Hachmi. I liked the Najat El Hachmi (I haven’t finished the rest). It was about a young Muslim girl experiencing her first Christmas in Spain.

Navidad entre escépticos
Por Guadalupe Nettel

Plantas aéreas
Por Pilar Adón

Algo de nosotros no quiere ser salvado
Por Patricio Pron

Navidades musulmanas
Por Najat El Hachmi

Ventanas
Por Emiliano Monge

Navidades en rojo
Por Yoani Sánchez

Intercambios
Por Juan Pablo Villalobos

Najat El Hachmi‘s story.

Sabiendo la respuesta, consulté con el imán. ¿Podemos celebrar la Navidad? No, por supuesto que no, eso es haram. A menos que te conviertas, claro. ¿Pero puedo cantar los villancicos en la clase de música? Tampoco, fíjate en lo que dicen las letras, que ha nacido Jesús hijo de una virgen y de Dios. Nuestro Isa no era más que otro profeta de la larga lista de profetas que el Misericordioso nos mandó para conocer sus deseos. Nadie puede ser hijo de Dios porque Dios no es humano, no tiene hijos. Pero hay villancicos que no hablan de Jesús. ¿Puedo por lo menos unirme al resto de la clase cuando la canción no tenga nada que ver con eso? ¿Como por ejemplo la parte del fum, fum, fum? ¿O la canción del trineo? Esa no habla para nada de ninguna virgen. No, niña, todo eso forma parte de “su” celebración. Nosotros no formamos parte de eso y no vamos a formar nunca. A mí por un lado me dio rabia que entre tantos marroquíes que casi no entendían ni catalán ni castellano ese precisamente tuviera conocimientos tan detallados sobre el tema, y por otro empezó a parecerme algo absurdo que por sutilezas tan insignificantes como si Jesús era hijo o no de Dios yo tuviera que cantar los villancicos por dentro. Porque una cosa sí era cierta: no podía evitarlo, por muy culpable que me sintiera, por horrible que me pareciera, escuchar las primeras notas de cualquier estrofa navideña era empezar a entonarla sin más. La música en general me provocaba un placer íntimo y alegre, pero sobre todo en los villancicos encontraba una belleza sin igual. Algunos me parecían tristes, otros alegres, pero todos pegadizos. Mi mortificación llegó al punto máximo cuando, en clase de música, para no llamar la atención y al mismo tiempo no dejar de mantener mis principios, movía los labios pero sin voz, disimulando entre el resto de niños. Y cuanto más contenía la voz, más ganas tenía de alzarla por encima de todas las demás, expandir el pecho y dejar que saliera con toda la fuerza. Pero nunca pasó.

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