Alejandro Zambra Interviewed in El Pais

El Pais has a decent length interview with Alejandro Zambra. It is worth checking out to get a sense of what animates his writing.

—Sí, claro. De ser un niño muy teórico e inteligentoso, la literatura pasó a servirme para explicarme cosas de las que no estaba seguro. En Formas de volver a casa yo sabía lo que estaba narrando, pero pretendía también disolver otras certezas, conseguir una cierta ambigüedad. Que el libro fuera muchas cosas a la vez. Y por supuesto que algunas cosas no sabía que estaban ahí. Eso es lo que tiene la literatura de intransferible: existen fragmentos no calculados. Creo que intenté otra manera de hablar de la dictadura chilena, que a ratos desconcierta. Hay escritores chilenos profesionales que recorren Europa…

—Comercializando el dolor.

—Claro, y bueno, sabemos quiénes son. A veces cuesta explicar en el extranjero que acá existía una vida cotidiana mientras sucedían hechos horrendos. Un periodista francés, a propósito de Formas de volver a casa, me preguntó cómo era posible que un niño anduviera por las calles en ese tiempo, sin saber que los niños de entonces andábamos por las calles harto más que los de ahora.

Los libros de Zambra, no es ni necesario preguntárselo, son autobiográficos. Hurguetean en él mismo. Hay una voz que los atraviesa. Cualquiera sea el conflicto —siempre finalmente íntimo— está el testimonio de un narrador encarnado. “En Formas de volver a casa pagué una deuda con mi infancia. Durante mucho tiempo pensé que mi experiencia no tenía importancia. Era el tiempo en que lo realmente significativo era que se esclarecieran los crímenes, que las víctimas de la tortura pudieran hablar; los que importaban no éramos nosotros —los hijos de la clase media del extrarradio, despolitizada— sino los hijos de las víctimas. Si entonces me hubieran dicho que escribiría una novela sobre la villa en que vivía en Maipú, no lo hubiera creído. Esa novela, más que relatar hechos, lo que quiere es hacerse cargo de la imposibilidad de relatarlos. En rigor, ahí hay experiencias, pero también está la sensación de que no valen la pena de ser narradas, porque hay asuntos que son más importantes. En el fondo tiene que ver con el duelo, cuando este se transformó en algo realmente colectivo en Chile. Esto debe haber pasado hace unos diez años. Dejó de ser un asunto solamente de las víctimas, y la mayoría de los chilenos entendieron que estas cosas le habían pasado al país. Aún quedan muchos crímenes sin resolver, todavía campea la impunidad, pero al menos los chilenos entendimos, la mayoría, que el duelo es colectivo”.

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