Felisberto Hernández Profiled in La Jornada

I recently attended a reading by Juan Pablo Villalobos and unsurprisingly a question came up about his influences. He brushed aside the Boom writers, which he had read when he was younger. What he said interested him more were the less well known, and stranger fiction of writers from before the Boom generation. Of many of the authors he mentioned, Felisberto Hernández from Uruguay was one. Fortunately, Felisberto Hernández has been published in English so you can find his works rather readily. This week in a timely piece of publishing, La Jornada has several long and interesting profiles dedicated to his work.

Cuando murió Felisberto, en 1964, se evocaba el tamaño de su ataúd que no pasaba por la puerta. El “burlón poeta de la materia” del título de Ángel Rama era un señor apenas sesentón pero ya veterano para la época, gran comedor de papas fritas en platos enormes. “Felisbertote”, lo llamaba Paulina Medeiros en sus cartas de amor, atravesadas todas ellas por el erotismo y la infantilización. Es que el niño que quería “hacerle abedules al brazo de la maestra” no sólo no perdió esa condición asociativa y juguetona con el lenguaje, sino que la convirtió en el centro de su discurso literario. Ese narrador-niño también quería levantarle las polleras a las sillas, atisbar sus cuerpos y “entrar en relación íntima con todo lo que había en la sala”, “dispuesto a violar algún secreto”. El mayor encuentro entre la erotización infantil de la mirada y los objetos construidos está en Las Hortensias, donde el narrador se atreve a todo a partir de la teatralización de la serie de muñecas que son elaboradas para él y para su mujer, en un juego a lo Buñuel, a lo García Berlanga, en donde el individuo es derrotado por la realidad ficticia que él mismo creó.

Esa doble perspectiva: la realidad sensorializada hasta el extremo y la libertad asociativa y no culposa propia de un niño, constituyen el toque Felisberto, parte de lo que Italo Calvino consideraba una novedad sin antecedentes. No hay relato suyo, ni mínimo ni relativamente extenso, que no esté comandado por una perspectiva sensorial. El cuento “Nadie encendía las lámparas” es una muestra impecable de relato donde no pasa nada, todo hecho de climas, de cercanías mentales y de un abrupto final en el que queda suspendida la tenue acción de una tertulia y la imagen de una mujer de cabellos esparcidos cierra lo que para otros narradores realistas debería ser un comienzo: “Pero no me dijo nada: recostó la cabeza en la pared del zaguán y me tomó la manga del saco.” Zaguán, luz mortecina porque nadie encendía las lámparas, mujer recostada, silencio, leve contacto de aproximación: esto suena a tango, pero también a Robbe-Grillet, a Antonioni y a ensueño proustiano. Por esos años, Onetti había publicado La vida breve y Armonía Somers La mujer desnuda. Rastrear las cercanías y distancias entre los tres sería un buen ejercicio de comprensión comparada.

I found this piece of marketing at Amazon, but I think it does hint at where he comes from.

Lands of Memory presents a half-dozen wonderful works by Felisberto Hernández, “a writer like no other,” Italo Calvino declared, “like no European or Latin American. He is an ‘irregular,’ who eludes all classifications and labellings—yet he is unmistakable on any page to which one might randomly open one of his books.”