Short Story from Carlos Marzal at Revista De Letras

I’ve slowly been making my way through a series of short stories the Revista De Letras publish a little while ago. While I have enjoyed the previous two I posted the story from Carlos Marzal hasn’t been as interesting. Something about the story telling didn’t capture me, especially the beginning which started a little slowly. Essentially, the story follows tow friends, one who is a writer and comes up with strange ideas for books. At one point he suggests an out line for a novel he is going to submit to a contest. His friend points out that you have to have the book, not just the idea. Unfortunately, the story didn’t quite have the magic to use that idea to its fullest. You can read the story and the author interview here.

Fútbol. Facebook. Toros. Sexo. No eres un escritor elitista, ni tópico, ni políticamente correcto. ¿Escribimos siempre contra algo? ¿Cual ha sido o es la corriente, si la hay, contra la que nadas en tu literatura?

Trato de escribir con naturalidad sobre los asuntos que, con naturalidad, me interesan. El deporte –su práctica, su contemplación, su reflexión– me parece un motivo tan literario como cualquier otro, además de representar a menudo un acto de alta cultura. Los toros me resultan uno de los mayores rituales que ha creado el hombre, una ceremonia repleta de riqueza plástica, simbólica, emotiva. Pero no soy, temperamentalmente, proclive a actuar a la contra. No vivo indignado ni cabreado. Es difícil verme agitando a las masas. Procuro tener sentido del humor, y el humor disuelve los malos humores. Ahora bien, los escritores deben obrar en contra de ciertas cosas: de la obviedad conceptual, de la zafiedad ambiental, del descuido verbal. La primera obligación del escritor es para con el lenguaje, para con la elección de sus palabras. El compromiso, en primer lugar, es un destino de naturaleza sintáctica. Y después que el escritor adquiera todos los restantes compromisos que le vengan en gana.

Tus cuentos, y creo que también el resto de tu obra, denotan cierta voluntad reflexiva. Te permites la digresión paralela a lo narrado y no sólo te importa contar historias. Por otro lado, eres inquieto y saltas entre géneros y modos. En tu ensayo El cuaderno del polizón (2007), por ejemplo, muestras tu interés por el arte. Háblanos un poco de esa sana volubilidad tuya como artista.

Me gusta la actitud reflexiva en la escritura. Pensar no es menos placentero que actuar: en la vida y en las páginas que aluden a la vida. Me emocionan los aventureros de Conrad, pero no en menor medida que las acotaciones del narrador acerca del mundo que rodea a los aventureros. Quien pensó lo más hondo –lo dijo un poeta– amó lo más profundo. Gustamos de lo diverso en cualquier ámbito, y, por consiguiente, el escritor debería también mostrar su diversidad y su gusto de maneras distintas. Cada vez creo más en los géneros, entre otras cosas porque permiten romper con todas las barreras genéricas. No me importaría que mi obra quedase agrupada al final bajo un lema único (a la manera juanramoniana): Escritura.

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