The Last 70 Years of Spanish Literature from El Pais

El Pais has an overview of the last 70 years of Spanish Literature. Part serious, part tongue in cheek, it is a good introduction to the authors and currents in Spanish Literature. It is written up like a encyclopedia which gives it a choppy feel and is a little tiresome (I don’t usually read encyclopedias from beginning to end). I found some of the comments about fascist work the most interesting, though not surprising.

De la posguerra a la generación X · ELPAÍS.com.

EXILIO

1939, la guerra ha terminado. Y al exilio salieron muchos de los mejores. Antonio Machado y Manuel Azaña, ese hombre de letras que presidió la República, murieron enseguida. Otros sobrevivieron y fueron encontrando acomodo en distintos lugares: Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Max Aub, Francisco Ayala, José Gaos y tantos y tantos más. A la dictadura franquista no le gustaban ni el espíritu crítico ni la independencia, y la originalidad le producía urticaria: así que combatió todo eso. A los que estuvieron fuera les tocó conservar esa manera de ver el mundo que combatieron la Iglesia y los militares: abierta, sin ataduras, curiosa, emprendedora. Los exiliados fueron perdiendo el hilo con su país, porque el régimen les volvió la espalda, así que se hicieron suyos los países adonde llegaron y dejaron allí lo mejor de sí mismos. España rescató a algunos al llegar la democracia; a otros, los perdió definitivamente. J. A. Rojo

FALANGE

La escritura de Falange fue literariamente pobre y no surgió ningún gran escritor, aunque sí trayectorias intelectuales y algunos libros estimables. Autores como Giménez Caballero (Genio de España) o Sánchez Mazas (La nueva vida de Pedrito Andía) ya eran fascistas antes de la guerra. Los adscritos al falangismo, como Laín Entralgo, Torrente Ballester, Dionisio Ridruejo, Rafael García Serrano o Álvaro Cunqueiro, entre otros, pudieron tener actividad pública en aquel sombrío periodo. Pero pronto vieron la pobreza de un sistema que dejó de ser estimulante incluso para ellos mismos. Agustín de Foxá se hizo popular con Madrid, de corte a checa y Ernesto Giménez Caballero no recuperó después de la guerra la brillantez ni la imaginación que lo habían convertido en el ideólogo perfecto. La Falange juvenil, retadora y chulesca, de culto al héroe, encontró a su mejor portavoz en Rafael García Serrano (Eugenio o la proclamación de la primavera o La fiel infantería).